Luchamos…

Se encontraba solitario a la espera de un amor inquebrantable.
Estaba frágil a punto de estallar en lágrimas de dolor causadas por el tormento que ahondaba en su alma.
Le habían lastimado, quisieron moldear su esencia para convertirlo en un ser inerte.
Llegué a sus aposentos y le abracé, pude sentirlo tan profundo, tan mío, tan parte de mí.
Me uní a él y disfruté de ese infierno del cual se liberó en mi cuerpo.
Vibraciones profundas sentí cuando me tocó el alma.
Llenó cada escondrijo mío con su amor, con su pasión, con su entrega.
Nos dedicamos el uno al otro, sanamos nuestras llagas, confrontamos nuestros miedos.
Fuerzas de terceros nos separaron, y nuestro amor quedó rondando a lo largo de la distancia que nos hizo valorar cada diminuto encuentro, cada corto beso y cada fúnebre despedida.
Él dijo que cuando hay amor no todo está perdido y yo respondí con una espera, la cual me quebrantó mucho.
Lo nuestro fue tan inexpugnable que hemos vuelto, con los ojos hinchados de tanto sufrir y estamos a unos centímetros de amarnos con el cuerpo.
Hemos permanecido, y nada nos ha dañado.
Nos fusionamos nuevamente.
Y así comprendimos lo que se requiere para la vida.
Comprendimos qué era amar.

-Soledad Amarga.

Una vez le pregunte a un indígena del amazonas de donde venia la sabiduría medicinal de esos pueblos con las plantas. Si era una tradición que se heredaba de el chaman maestro a el chaman discípulo o si se trataba de ir probando las plantas de generación en generación hasta descubrir para que eran buenas y como usarlas. Me contesto con absoluta tranquilidad: ” ninguna de las dos. Las mismas plantas hablan y ellas indican de que manera hay que usarlas”. Quede consternado. Le he dado mil vueltas a esa respuesta durante meses. Y cada vez me parece mas sorprendente. El único símil que se me ocurre para entenderla es el siguiente: Para una persona que no entiende la escritura, que no sepa como interpretar ese saber, unos libros no son mas que tinta y papel, es decir, materia pura, moléculas, átomos, y nada mas. Seria muy difícil hacerle entender que esas moléculas hablan, que en sus paginas hay toda una sabiduría guardada. De igual forma, para nosotros, materialistas irredentos, un bosque o una selva son solo plantas y animales, materia pura. Molecular, pero para alguien entrenado de otra manera, caminar por una jungla es deambular por el centro de una biblioteca cuyo saber esta ahí, al alcance de la mano. La naturaleza como una enciclopedia perdida.

autremondeimagination:

La locura de nuestro tiempo.  Mario Mendoza.